EL EVANGELIO DEL DOMINGO ( XXXI del Tiempo Ordinario )

Evangelio según San Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: -«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.

Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.

No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo.

El primero entre vosotros será vuestro servidor.

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. »

Comentario de D. Manuel Gordillo, Párroco de San Roque de Sevilla.

El Señor hace una dura acusación contra los escribas y fariseos, al mismo tiempo muestra su dolor y compasión hacia la gente sencilla mal conducida por aquellos.

Moisés entregó al pueblo la Ley que había recibido de Dios. Los escribas y fariseos encargados de transmitirla la malinterpretan con la práctica de su vida. A todos se nos ha encomendado transmitir la fe, nada hará tan creíble esa transmisión como el que en la propia vida se manifieste el combate mantenido para permanecer fieles al tesoro de la fe recibido.

Ante la actitud de quienes no entregan la fe en la coherencia, Jesús advierte: “Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.” Jesús viene a enseñar la Verdad; más aún, él es la Verdad (Jn 14,6). De ahí que él sea el único Maestro y Consejero y sus discípulos humildes transmisores del Evangelio.

A continuación Jesús pone en guardia frente a la apetencia de honores y reconocimientos: “El primero entre vosotros será vuestro servidor”, porque cualquier autoridad debe ser ejercida como un servicio a los demás, sin instrumentalizarla para satisfacer la vanidad, la soberbia o la avaricia personal.

“El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. El orgullo y la ambición son incompatibles con la condición de discípulo de Cristo. La verdadera humildad es imprescindible para seguir a Jesús. “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes (St 4,6). Y la Virgen María exclama que el Señor “derribó a los poderosos de su trono y ensalzó a los humildes” (Lc 1,52).

 



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